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Optimizando el gasto familiar frente al aumento de precios

Tiempo estimado de lectura: 3 min

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Resumen

En Perú, las familias enfrentan una presión económica creciente: aunque la inflación es baja, el costo de la canasta básica sube, afectando su calidad de vida y profundizando desigualdades.

En octubre de 2025, las familias peruanas enfrentan un desafío económico: aunque la inflación se mantiene baja, el costo de la canasta básica alimentaria sigue subiendo. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), una persona necesita S/256 al mes para cubrir alimentos esenciales, lo que para una familia de cuatro significa al menos S/1,024. Este gasto, elevado frente al salario promedio de S/1,196, presiona especialmente a los hogares de menores ingresos, donde la comida consume la mayor parte del presupuesto. Factores como el aumento estacional en precios de vegetales y proteínas explican esta tendencia, haciendo que la estabilidad económica del país no se sienta igual en todas las mesas.

A pesar de que productos como el pollo y los huevos han bajado de precio recientemente, otros como el tomate y el pescado han subido, encareciendo la dieta básica. En Lima Metropolitana, la canasta básica total, que incluye alimentos y otros gastos esenciales, alcanza los S/465 por persona, un monto inalcanzable para muchos. Esto significa que más de nueve millones de peruanos no cubren sus necesidades básicas, lo que limita el acceso a una alimentación nutritiva. La presión sobre el presupuesto familiar reduce el margen para gastos en salud, educación o transporte, afectando la calidad de vida y profundizando las brechas sociales.

El impacto es claro: un hogar promedio gasta S/891 al mes solo en alimentos, dejando poco espacio para imprevistos, especialmente con un salario mínimo de S/1,130 que apenas cubre lo esencial. Muchas familias sienten una constante incomodidad financiera, lo que las lleva a recortar calidad o cantidad en sus compras. Esta situación no solo afecta la nutrición, sino también la estabilidad emocional y la capacidad de planificar a futuro, ya que los hogares se ven obligados a priorizar la supervivencia inmediata sobre el ahorro o la inversión.

Para enfrentar este desafío, una estrategia efectiva es comprar en supermercados de descuento o mayoristas, donde los precios de productos básicos como granos o artículos de limpieza son más accesibles. Buscar promociones y optar por marcas propias puede reducir significativamente el gasto mensual. Además, planificar menús semanales con base en productos en oferta, como pollo o verduras de temporada, permite mantener una dieta variada sin exceder el presupuesto, asegurando tanto ahorro como nutrición.

Otra opción práctica es priorizar mercados locales, donde frutas y verduras frescas suelen costar menos que en grandes cadenas, apoyando de paso a pequeños productores. Reducir el consumo de alimentos procesados, como bebidas embotelladas, y preparar alternativas caseras, como jugos naturales, ayuda a ahorrar dinero y mejora la salud. Usar aplicaciones de cupones o listas de compras digitales también fomenta decisiones más conscientes, liberando pequeños montos para emergencias o ahorros a largo plazo.

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